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¡Ah, qué tiempos!

  • 7 mar 2017
  • 4 Min. de lectura


Pinterest a través de Shelby White

Léase el título a modo de suspiro reflexivo. ¿De qué tiempos hablo? Del mismísimo Siglo XXI , caracterizado por la tecnología y la vanguardia. Por la liberación y revelación de un sinfín de paradigmas, que en tiempos anteriores distaban de considerarse posibles.

¿Alguien recuerda qué edad tenía cuando usó un teléfono móvil por primera vez? Para su uso propio, claro. Y cuando hicimos uso del Internet ¿Recuerdan la primera vez que usaron Messenger para chatear con esas mismas personas que veías en el colegio o con esas personas que no te atrevías a hablarles? Yo sí lo recuerdo, y puedo confesar que al hacer este ejercicio sentí una ligera nostalgia, de aquellos tiempos donde nuestra interacción se desarrollaba de una manera tan ingenua.

Quién iba a imaginar que algún día podríamos saber los gustos y pensamientos de alguna persona sin ni siquiera preguntárselo en persona., incluso ni preguntarlo por escrito. Quién iba a pensar que tendríamos noticias y marcas a la orden de un click. Quién iba a imaginar que nuestras fotografías tomadas en esos viajes en familia o reuniones con amigos, cualquiera podría verlas al mismo tiempo que siguiéramos en esos instantes. Quién iba a imaginar que con frases o imágenes la gente sabría de qué va nuestro estado de ánimo.


La lista de mis dudas es extensa, pero mis palabras son finitas. ¿Alguien tuvo duda si me refería a las redes sociales? Pues espero que no, sino tengo muy poca habilidad de incitar a leer entre líneas.


Es cierto. Las redes sociales ya son parte de nuestra realidad, de nuestros comportamientos, de nuestras costumbres, de nuestros hábitos, de nuestras referencias en muchas maneras. En realidad no estoy segura si es un medio de comunicación, creo sigue siendo de información, aunque se respondan comentarios y se pongan reacciones, es complejo.


Específicamente en Facebook, es muy interesante analizar qué representa un méndigo like. Sin embargo, creo que no todo es tan poético. Me da la impresión de que nos convertimos en imágenes, nos convertimos en proyecciones visuales, ¿Para qué? Para etiquetarnos, colocarnos en un status y presentarnos ante el mundo a través del contenido que posteamos. ¡Uff! es tremendo reflexionarlo. Pero por eso, creo que siguen siendo fugaces y efímeras. Todo es un ilusión al final, o la proyección de un sentir que se queda corto.


Davide Bonazzi

Gilles Lipovestky ya lo veía venir, en la Era del vacío. Nos encontramos en la “era postmoderna”, (sí con -t- para este autor).


“La era postmoderna está obsesionada con la información y la expresión, donde todos podemos ser el locutor y ser oídos; La expresión gratuita, la prioridad del acto de comunicación sobre lo comunicado, la indiferencia por lo comunicado, la comunicación sin objetivo ni público, el emisor se ha convertido en el principal receptor. Hay una necesidad de expresarse en sí, aunque sea para si mismo, comunicar por comunicar, expresarse solo por el hecho de expresar, es decir, la lógica del vacío”.


En la sociedad postmoderna reina la indiferencia de masa, sentimiento de reiteración y estancamiento, autonomía privada, innovación superficial y el futuro no se considera o asimila; esta sociedad quiere vivir aquí y ahora. No tiene ídolo ni tabú, estamos regidos por el vacío, un vacío que no comporta, ni tragedia ni apocalípsis.


Narciso es el símbolo de nuestro tiempo, se ha convertido en uno de los temas centrales de la cultura. El narcisismo aparece como un nuevo estadio del individuo, en el cual el se relaciona con él mismo y su cuerpo.


Aunque Lipovetsky se refería a la era de los media, es la misma trama en las redes sociales, “expone la desdicha pero dramatiza el sentido de la falta, la velocidad de la información crea la emoción y la diluye al mismo tiempo. Estamos en la época de la eliminación y no de la fijación, de la sensibilización fluida y no de la intensificación”.


Al compartir un contenido, al mismo tiempo estamos presentando nuestros gustos o postura respecto a algo, y a la vez estamos exponiendo aquello que nos hace falta. Una vez más, creo es la búsqueda de un posicionamiento a través del otro. Que el otro vea quiénes somos a partir de lo que publicamos.


Es una realidad que en promedio, más de 1550 millones de personas inician sesión en Facebook cada mes. Es brutal. Ya es difícil estar totalmente aislados de las redes sociales. Y eso es lo triste, nos convertimos en mercancía. Si no estamos dentro de la ola , estamos abnegados a ser reconocidos , estamos fuera del mapa, no existimos. Es muy fuerte, pues ya afecta nuestra forma de involucrarnos con las personas.


Es complejo, es confuso cómo ciertas acciones en Facebook son distintas a las actitudes de una persona. Me hace ruido, me hace pensar ¿Cuál es la versión que más importa? ¿A partir de cuántas publicaciones creo conocer o estar más cercana a esa persona? ¿Quiénes somos para los otros? ¿Quiénes, somos?

Jean Jullien


Alguien me dijo una vez “Muchas veces se pierden muchos detalles por la velocidad de la vida ¿lo notas?”. A lo que respondí “Lo noto bastante , nuestro ritmo de vida se ha acelerado porque todo lo tenemos a la velocidad de un clic. No es coincidencia”.


¿Acaso no se trata de apreciar la vida a partir de los detalles? Me parece que estamos empezando a perder el respeto a la vida misma. A dejarla ser, libre y a su tiempo. Pero ¿Qué demonios es el tiempo? ¿Cuál es su medición? ¿Acaso sentimos que el tiempo se acaba cuando nuestra pila del móvil comienza a agotarse? ¿Acaso sentimos que perdemos tiempo de vida al no compartir aquella foto, en aquel lugar, en aquel momento? ¿Perdemos belleza con el tiempo, a partir de cuántos likes obtenemos en una foto de perfil?


¡Ah, qué tiempos! Demasiadas dudas e inquietudes. Este es el primer texto que deseo hacer de otros más. Como comunicóloga, como community manager de redes sociales y como individuo-sociedad, siento la necesidad de preguntarme ¿Qué es de nuestras vidas hoy en día?…

Concluiré con lo que encontré por ahí en donde casi ni he mencionado. “En algún lugar de alguna selva, alguien comentó: Qué raros son los civilizados. Todos tienen relojes, pero ninguno tiene tiempo”.


Referencias:

Gilles Lipovetsky, La era del vacío, 9ª ed., Anagrama, Barcelona, 2010,








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