He pasado mucho tiempo "on line"
- 29 ago 2017
- 7 Min. de lectura


Quién no ha escuchado frases como, “en mi época, sí había comunicación”, “¡ya deja ese celular!”, “todo el tiempo estás conectado”, “no uses el GPS, debes ubicarte”, entre otras varias, que en ocasiones, resultan ofensivas y hasta dramáticas.
Este tipo de situaciones nos confirman lo que Marshall McLuhan preveía, “el medio es el mensaje”. O sea que, el contenido de un medio es menos importante que el medio en sí mismo, a la hora de influir en nuestros pensamientos y actos. Los sistemas de comunicación popular moldean lo que vemos y cómo lo vemos, y con el tiempo, si los usamos lo suficiente, nos cambiarán como individuos y como sociedad.
“El contenido de un medio es sólo el trozo jugoso de carne, que lleva el ladrón para distraer al perro guardián de la mente” (McLuhan, 2009:5)
¿Cómo debemos entender estas palabras? Tan simple como preguntarse, ¿cuántos libros has leído en los últimos meses?, ¿cuánto tiempo tardas en acabar de leer un texto?, ¿por qué mi concentración empieza a disiparse después de una página o dos?
La forma en que nos concentramos ha cambiado con el tiempo; los modos de apropiación de un libro son variantes. En mi caso, me es muy difícil leer en casa, pues me distraigo fácilmente, o no cesan las interrupciones; prefiero consumir un escrito en el transporte público, cuando viajo por vacaciones, o desde una cafetería pequeña, donde cada quien anda en sus asuntos.
Quizá, tenga relación con la capacidad de reflexionar de cada persona; lo que es una realidad es que, en la era posmoderna, hablamos más comúnmente de series, películas o caricaturas, que de las obras literarias que andamos leyendo (sin dejarlas en un stand by insospechado).

Los apocalípticos dirán que es el fin de los tiempos del intelecto; de la abstracción; del profundo ejercicio de la lectura, aquel que nos hace más curiosos, críticos y analíticos; más complejos.
Constituye un error ensimismarse, y creer negativamente que nos hemos vuelto de mentalidad simplona, solo por no echarnos, mínimo, un libro al mes.
Cuántos de nosotros no hemos abierto múltiples pestañas en el navegador, para pasar la vista sobre un tema de nuestro interés, creyendo intensificar el valor del contenido que logramos reunir. Seamos sinceros, la mayoría; ponemos todo nuestro potencial de abstracción, al detectar lo que necesitamos en esa búsqueda.
Hay que aclarar algo, la información representa todos los datos que identificamos en la Internet, y al ordenarlos en nuestras mentes, logramos construir conocimiento.
Acaso, ¿pensamos que por preferir leer en la Internet, a terminar una obra literaria en una semana, nos convertimos en letrados incompetentes? No es así. Incluso, Scott Karp, quien solía escribir en un blog, confesó que dejó los libros, a pesar de haber estudiado Literatura en la Universidad, y era un lector voraz. Y alguna vez reflexionó, “¿Qué ha pasado? ¿Y si toda mi lectura es online, no tanto porque ha cambiado el modo en el que leo, es decir, por pura conveniencia, sino porque el modo en el que pienso ha cambiado?” (Karp, 2008:19)
Otro ejemplo puede ser Philip Davis, con Doctorado en Comunicación, que dijo, “leo mucho, o al menos debería estar leyendo mucho, pero no lo hago. Acorto. Hago scrolling”.
“Internet puede haber hecho de mí un lector menos paciente, pero creo que en muchos aspectos, me ha hecho más inteligente. Más conexiones a documentos, artefactos y personas, implican más influencias externas en mi pensamiento, y por tanto, en mi escritura” (Davis,2008)
¿Se identificaron? Estos autores educados, con vocación de escribir, se cuestionaron seriamente, ¿acaso, es mejor leer un ejemplar de 250 páginas, que varios párrafos interconectados en la Internet? Tal cuestionamiento deja mucho por ver, más allá de cualquier respuesta reaccionaria.
Cabe vislumbrar que la Internet no se reduce sólo al uso de redes sociales; es una poderosa herramienta de búsqueda, que puede ser avanzada y científica, si la sabemos usar. El manejo “adecuado” de la red, puede lograr la transición de un pensamiento tradicional a un pensamiento complejo.
Podemos transformar ese viejo proceso superficial en un razonamiento más elevado. “Calmada, concentrada, sin distracciones, la mente lineal está siendo desplazada por una nueva clase de mente, que quiere y necesita recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados –cuanto más rápido, mejor-.”(Karp en Carr: 22).
La amenaza a la que nos enfrentamos eventualmente es la “infoxicación”, o sea, el exceso de información con que nos encontramos en la actualidad. A lo largo del día, recibimos datos y noticias, a través de Facebook, Twitter, blogs, páginas web, email, WhatsApp, SMS, sólo por mencionar algunos.
Y esta amenaza, apunta a la sociedad en sus distintas segmentaciones generacionales:

Baby Boomers: grupo que considera el rango de edad más amplio; su nombre proviene del boom de nacimientos que se dio durante el segundo y tercer cuarto del siglo 20, y hace referencia a personas nacidas entre 1933 y 1960. Muchos de los líderes mundiales pertenecen a esta generación.
Generación X: es quien hoy mueve al mundo a nivel laboral y económico, porque a su entender, no tenía rumbo ni sentido. La también llamada, Gen X, considera a los nacidos entre 1960 y 1984, los cuales, actualmente, tienen entre 30 y 54 años; hijos de los Baby Boomers, padres de los Millenials.
Millenials: Los millennials, conocidos como Generación Y, es la familia más joven; se halla conformada por personas nacidas a partir de 1984, así que, hoy, tienen menos de 30 años. Y no es casualidad que la Internet sea su principal herramienta en la vida, pues ellos vinieron al mundo junto con ésta.
Ahora, ¿quién va a una biblioteca por mero gusto, y no porque está increíble para tomar una foto que acabará en Instagram? No se trata de ser bohemios, pseudo-intelectuales, tradicionales o nerds. El acto y placer de acudir a este lugar, debe respetarse y ofrecerle culto. Digamos que el chiste no está en seguir las costumbres, sino en perdurar en el cambio.
No debemos permitir que desaparezcan tan bellos recintos, almacenes de historia y de conocimiento puro; tampoco creer que por preferir los textos en Internet, morirán solos y desahuciados.

Tenemos que conservar el espíritu poético, cuando escuchamos en una biblioteca: “tómate tu tiempo. me susurraban los libros con sus voces polvorientas. No nos vamos a ir a ninguna parte” (Carr, 2011:25)
El objetivo de mi escrito, es unirnos a la comprensión de que estamos en la era de transición del pensamiento. Antes, se creía que el cerebro adulto ya no podía crecer más; ahora, se sabe que posee maleabilidad.
El biólogo británico, J. Z. Young, sostiene que la mente podría, de hecho, estar en un estado de flujo constante, adaptándose a cualquier tarea que se le encomendara. “Hay pruebas de que las células de nuestro cerebro, literalmente, se desarrollan y aumentan de tamaño con el uso, así como se atrofian o consumen por falta de uso”.
El cerebro no es la máquina que antaño pensábamos que era. Aunque sus diferentes regiones se asocian con diversas funciones mentales, los componentes celulares no forman estructuras permanentes, ni desempeñan papeles rígidos. Son flexibles. (Young, 1951)
Los casos de sujetos que han perdido brazos o piernas en accidentes, revelan hasta qué punto el cerebro puede reorganizarse. Las áreas afectadas de las víctimas, ocupadas de registrar sensaciones en sus extremidades ahora perdidas, quedan rápidamente absorbidas por los circuitos que registran las percepciones de otras partes de sus cuerpos.
Ahora, se cree que la sensación de tener <<una extremidad fantasma>>, relatada por los amputados, es, en gran medida, producto de cambios neuroplásticos en la parte principal del encéfalo.

Y esto, reafirma, una vez más, que la sesera está en frecuente cambio, como respuesta a nuestras experiencias y nuestra conducta; reorganiza sus circuitos “con cada entrada sensorial, acto motor, asociación, señal de recompensa, plan de acción, o cambio de conciencia”. Hemos aprendido que la neuroplasticidad no sólo es posible, sino que está constantemente en acción, en adaptación. “Neurologicamente, acabamos siendo lo que pensamos” (Carr, 2011:49).
Imagínense, Sócrates reconoció que, registrar los pensamientos por escrito tiene beneficios prácticos; pero sostenía que, la dependencia de la tecnología alfabética altera a la mente de una persona, y no para mejor. Mediante la sustitución de la memoria interna por símbolos externos, la escritura amenaza con convertirnos en pensadores menos profundos. Es decir, desde siempre, con la inclusión de una tecnología actual, surgen escépticos y/o apocalípticos, y entusiastas por hacer notar las múltiples ventajas de su apropiación.
¿Qué con lo anterior? Marshall McLuhan lo vaticinó correctamente; si se introduce una tecnología a una cultura, y da nueva importancia a uno de nuestros sentidos, el equilibrio quedará alterado. Ya no sentimos de la misma manera. La interacción entre nuestros sentidos es perpetua, salvo en condiciones de anestesia. Cuando se eleva la tensión de cualquiera de nuestras facultades perceptivas, ésta puede actuar como sedante de las otras.
Así, la Internet puede darle mayor importancia a la vista, convirtiendo todo en imágenes, y es donde peligra la ejecución simplista, o realmente, hacer un proceso de abstracción elevado. No obstante, no deja de ser un medio a través del cual podemos desarrollar otras habilidades cognitivas, y tener un proceso de pensamiento profundo.

El lenguaje permite pasar de una cosa a otra, con más facilidad y rapidez, cada vez, con menos implicación; prolonga y amplía al hombre, pero también divide sus capacidades.
La Internet, en nuestros monitores o dispositivos móviles, funge como una extensión más del hombre. Así de sencillo. Hay que comprenderla como un medio más, y no caer en existencialismos baratos de verla como el monstruo que acabará con la interacción y el contacto humano; la asesina de la actividad intelectual.
Referencias
-Nicholas, Carr. (2011, febrero). Superficiales ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? Taurus, Alfaguara.
-Young, J. Z. (1951) Doubt and Certainty in Science: A Biologist´s Reflections on the Brain. Londres: Oxford University Press.
-McLuhan, Marshall. (2003). Understanding Media: The Extensions of Man. Crítica de W. Terence Gordon, Corte Madera (CA), Gingko, [Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano. (2009). Barcelona: Paidós].
-Davis, Philip. (2008, junio). Is Google Making Us Stupid? Nope!>, The Scholarly Kitchen. Recuperado de: https://scolarlykitchen.sspnet.org
-Karp, Scott. (2008, febrero). The Evolution from Linear Thought to Networked Thought. Blog Publishing 2.0.




































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