THE GREEK TRAGEDY
- 7 mar 2017
- 4 Min. de lectura

Cuando te toca, te toca. Qué razón tenía Antonia. Sara nunca escuchaba a su abuela, no le tenía consideración. Le parecía una mujer demasiado religiosa... Y lo era. Amaba a Cristo apasionadamente. Su casa se hallaba repleta de imágenes religiosas. Arriba de la cabecera de su cama, yacía aquel crucifijo de un metro. El comedor se adornaba con la presencia de un Da Vinci: “La última cena”.
Sara se autonombraba atea. Mentía. Siempre oraba y suplicaba a Dios, cuando se sentía desolada o en peligro. Su madre padecía cáncer en un seno. Cada quimioterapia era igual. Mientras Isabel recibía su tratamiento, pasaba los minutos en la capilla del hospital, pidiendo al Señor que escuchara sus súplicas. No las oyó. Dos años más tarde, pereció. –Mamá murió porque la muerte la estaba esperando- , le dijo Antonia. Sólo lloró.
La hermosura de su ser le trajo odios y enemistades. Los hombres la deseaban, las mujeres la envidiaban. Sarah –como la mal nombraban- poseía una belleza inigualable. Su cabellera larga y dorada resplandecía como el trigo con la luz del sol. Sus ojos grises, eran un reflejo de la oscuridad. Tenía la forma de un reloj de arena, la altura de una amazona. Lucía como una diosa terrenal.
Era una dama solitaria, sin familia ni amigos. No confiaba en los hombres desde el incidente con su padre. Poco a poco fue convirtiéndose en un témpano de hielo. Perdió la alegría que la caracterizaba. Todo le era indiferente. Sólo Adolphe le importaba. Sólo él lograba plasmar una sonrisa en ese rostro angelical.
Sara pasaba las mañanas en el trabajo. Impartía clases de francés en la Universidad de Ottawa. Hablaba perfectamente el idioma. Lo aprendió en Lyon. Ahí conoció a su amado. Ahí vivió nueve años de su vida. Ahí se olvidó de España, de su patria.
Salió de casa para ir a laborar. Su Mégane estaba en reparación. Tuvo que tomar el tren. Odiaba trasladarse en transporte público. Detestaba los conglomerados de gente. Mucho más en primavera, cuando la temperatura rebasa los 30O C. Pero esta vez, no tuvo alternativa. Iba tarde.
El VIA Rail se marchó, tras el arribo de Sara a la estación.
No és possible, m'ha deixat el tren. No arribaré a temps a la universitat.
Quería decir: no es posible, me ha dejado el tren. No llegaré a tiempo a la universidad.
Solía hablar en catalán para sí misma. Adolphe no lo hablaba. Nadie en Canadá lo hacía. Para comunicarse con los otros, empleaba el inglés, aunque prefería el francés.
Maleïda sort la meva. Havia de viure a Mont-real.
Maldecía su suerte, por vivir en Montreal, por trasladarse in train. Prefería transportarse en su automóvil, aunque pasara dos horas en la carretera y atorada en el tráfico. Pagar $150 (por viaje) no significaba nada para ella. Viajar en transporte público, sí. Lo repudiaba, fuese canadiense o de cualquier otra nación del mundo.
Llegó retrasada a la sesión, quince minutos sobre la hora. Cuando ingresó al aula, sus alumnos platicaban. No charlaban sobre cuestiones banales. Comentaban la noticia del día: la muerte de la profesora Agnès Briggman. Maestra bergantín –como la apodaban sus alumnos- enseñaba inglés. Iba en el VIA Rail de las 10. Aquél que se descarriló 43 minutos más tarde. Aquél que Sara no logró alcanzar.
Los noticiarios matutinos informaron sobre el incidente:
At least 13 people died and about 37 people still missing in a small community of Montreal, where a runaway train derailed and exploded, Canadian police said in a press conference this Monday. The company responsible for the train reported a blackout in the engine could have done failing the brakes that held the train.
Decían que el tren se descarriló por una falla en el motor. Al explotar, provocó la muerte de 13 personas. Agnès Briggman formaba parte de los descendidos.
That´s a pity. Miss brig was a bitter, but she didn´t deserve to die so cruelly.
You´re right. The accident was awful. Surely all she ended charred.
It´s so sad. I imagine a lot of families looking for their members.
Her only family was her mother. That woman is crying for her daughter.
Los alumnos de Sara no dejaban de dialogar sobre lo sucedido. Connor y Ethan lamentaban el deceso. Les parecía una manera horrible de morir. No estimaban a Miss Brig, pero tampoco le deseaban la muerte.
Estaba impactada, aterrorizada, agradecida. Se profesaba una mujer afortunada. Pudo haber muerto al igual que Agnès. Y se salvó. No fue la suerte quien la amparó, fue el destino. La muerte no la estaba esperando. Esta vez, no le tocaba.
I was going to take the train at 10am, but this left me. I got delayed on the station.
I can´t believe it. You´re very lucky. You could have died.
When I listened to my students speaking about Agnès, I didn´t think she was dead. It was surprising for me. It´s so saddening.
I regret the death of Agnès. She was so young. She was so… special.
How did you know the news? On TV? On the radio?
I was listening to the news on the radio. The announcer said: 13 people have died in a train accident. The police have just recognized one corpse. It belongs to a woman named Agnès Briggman.
Sara comentaba con Destiny King su peculiar anécdota. Sólo ellas la sabían. Tiny –como la nombraban en la universidad- se impactó al escucharla. No podía creer cuán afortunada era la French teacher. Pero no se trataba de suerte, fue obra del destino. La muerte esperaba por Agnès Briggman. La muerte no venía por ella. Esta vez, no le tocaba.
Ambas lamentaban la tragedia de Miss Brig. Aunque, por un momento, Sara deseó estar en su lugar. Ese anhelo la hizo sentirse como una suicida. En ocasiones, se hastiaba de existir, de su existencia. Nada era perfecto en su vida. Y comenzaba a molestarle. Su marido era imperfecto, su trabajo era imperfecto, su hogar era imperfecto. Ocasionalmente, quería abandonar su entidad mortal. Ocasionalmente, se imaginaba muriendo.
Prendió el televisor, al regresar a casa. El noticiario vespertino difundió la funesta noticia. Apagó el aparato y se puso a llorar. No quería recordarla. No quería ver la imagen de su cuerpo sin vida. Sólo quería olvidarse de todo.
Quan et toca, et toca. ¡Quina raó tenia la meva àvia!
Cuando te toca, te toca. Qué razón tenía su abuela, Antonia.
Sara nunca la escuchaba, no le tenía consideración.
@NormGrandson
/NoRmiEnKel




































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