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Pasión Fotográfica, esencia de la buena Fotografía

  • 3 abr 2017
  • 3 Min. de lectura

¿Qué caracteriza a una foto bien hecha? Quizá, la técnica fotográfica del artista; el equipo técnológico utilizado; el propósito productor; la unicidad primaria; la naturalidad de sus componentes; la beldad del elemento captado; o, el efecto provocado al mirarla.




Si se busca una respuesta competente, habrá que consultar el libro del retratista británico (reconocido mundialmente), Michael Freeman, La visión del fotógrafo, entender y apreciar la buena fotografía; ahí, refiere las seis características que, con base en su experiencia, determinan una fotografía de calidad.




En primer lugar, nos habla de la composición inteligente, esto es, encuadrar y ubicar de forma idónea los objetos comprendidos en la imagen, para lograr transmitir aquello que deseemos. Aunque, según el autor, la perfección fotográfica no necesariamente constituye un sinónimo de excelencia; las fotos desenfocadas, borrosas, y hasta con grano, pueden resultar gratas, siempre y cuando exista una intención en ello.



Lo significativo de una imágen no radica en la limpieza técnica, sino en su comunicabilidad; segunda cualidad considerada por el artista europeo. Él estima que una fotografía adecuada, provoca una reacción natural en el observador, o sea, se torna visualmente estimulante y capta su atención; sin necesidad de mantenerse al tanto de los gustos populares.




Las fotos cautivadoras invitan al público a leerlas, porque son expresivas en su totalidad. Nos cuentan historias de su creador, fragmentadas a lo largo de los píxeles; ostentan los detalles esenciales más allá del primer plano; no se quedan en el golpe de vista inicial, porque su estructura forja diversos puntos vivenciales. A esto se refiere Freeman, cuando nos habla de la tercera condición: ofrecer más de una capa de experiencia.




La lectura fotográfica nos permite divisar contextos culturales. Únicamente las fotografías excelsas, logran plasmar una época de la historia humana; definen un “aquí” y un “ahora”, que se documentará para la posteridad. El escenario, la formación y los referentes, tanto del retratista como del auditorio, dotan de sentido a la foto; se involucran en la crítica y en la apreciación de la misma. Así lo explica el londinense, al enunciar la cuarta propiedad: la fotografía tiene su contexto.




Toda gran imagen, no sólo refleja las creencias y costumbres manifiestas en una sociedad; representa la forma en que el fotógrafo percibe la realidad. Como señala el escritor, las fotos contienen una idea, que el artista expresa mediante los valores de exposición fijados para hacerlo (composición). El efecto que genera la figuración, no debe ser deliberado por éste, pues, las fotografías superiores, no resultan del cálculo.



Las grandes creaciones no se erigen como una mimesis de lo real; muestran la manera particular en que el fotógrafo ve el mundo, los objetos y los sujetos. Freeman nombra a esta sexta pertenencia: no imitan. Las fotos no sólo no reproducen la existencia, tampoco intentan emular a otros medios artísticos.




Ciertamente, el arte fotográfico luce limitantes (inobjetivo, segmentario, costoso, sobreexplotado), pero posee particularidades muy concretas que lo hacen único (ubicuidad, veracidad, inmortalidad, memoria documental); distintivos que han de tenerse en cuenta, cada que acojamos una cámara entre nuestras manos.




Por mi parte, como una simple principiante, añadiría un atributo más: revelan pasión. Henry Cartier-Bresson, célebre fotógrafo francés, decía que “fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”. Nada más cierto. Aprender a manejar una cámara, nos convierte en expertos; no en artistas. La fotografía implica amor, entrega total y compromiso auténtico; no un mero gusto.

Cuando el retratista estima al acto fotográfico, sus obras exteriorizarán esa querencia; atraparán la vista del mirón; y al tener su interés, estimularán sus emociones, sus pensamientos y sus reflexiones. Tal vez, el espectador rechace su trabajo, pero, sin importarle, debe sentir el corazón pleno; puede hacer lo que ama.




REFERENCIAS:

- Freeman, Michael. (2012). La visión del fotógrafo, entender y apreciar la buena fotografía. Barcelona: Blume.

 
 
 

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