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LA BELLEZA, ¿HABITA EN LOS OJOS O BROTA DEL CORAZÓN?

  • 2 may 2017
  • 3 Min. de lectura

¿Por qué la delgadez constituye un sinónimo de belleza? Siempre me lo he preguntado, pero nunca lo he entendido. No comprendo la preponderancia latente de gimnasios; el empleo creciente de fajas y cinturillas; la realización exhaustiva de dietas; la práctica de liposucciones y extracciones de costillas; la venta de ropa diminuta; el bombardeo de comerciales promocionando métodos para adelgazar; la incesante propagación de imágenes con mujeres “esculturales”; los estereotipos modernos de beldad, “adoptados socialmente”.



Todas las culturas, orientales u occidentales, tienen un modelo ideal de hermosura. Normalmente, realza las características que no son mayoritarias en tal sociedad, porque lo que más se desea, es lo que no se tiene. En las regiones donde escasea el alimento, son bellas las personas cercanas a la obesidad; contrario a las civilizaciones opulentas, donde la extrema delgadez equivale a lindura. Pero la globalización existente, tiende a uniformar los gustos; a imponer los imaginarios de guapura provenientes de Estados Unidos.



En nuestro país, los hombres prefieren a las rubias, pero gran parte de las mexicanas poseen piel parda. Claro, habrá quienes gusten por las morenas. Y es que la pigmentación de la epidermis ha perdido relevancia en cuestiones de belleza. Basta recordar la presencia de modelos negras (sin ser racista en el empleo de la palabra). Eso sí, los parámetros antifealdad rigentes, no contemplan ni a las llenitas ni a las gorditas. Si no se es flaca, se es desagradable. La pancita y la lonjita, por mínimas que sean, resultan totalmente grotescas.



No existe fémina sobre la tierra que se desinterese por su silueta. Todas tenemos un método para conservar la línea y no desparramarnos: 1) alimentarse sanamente, 2) matarse de hambre, 3) vomitar lo ingerido, 4) purgarse con medicamentos, 5) hacer ejercicio y/o 6) portar fajas. Ninguna de estas tácticas se emplea para cautivar a los hombres. Lo que toda dama pretende es lucir mejor frente al resto de sus similares. Porque lo verdaderamente importante no es recibir halagos, sino generar envidias. Y la flaqueza incita el recelo. Bueno, eso nos hacen creer.

Del embarazo, mejor ni hablemos. Las mujeres temen más a engordar, que a la flacidez y a las estrías. Hay ladies que se vendan el vientre durante la gestación, quesque para no verse abultadas. Otras (igual de locas), optan por comer míseramente para mantenerse en su peso. Qué actos tan estúpidos; ejercidos por un único móvil: ser esbelta. Pero, ¿qué embarazada no pierde la delgadez? ¡Todas! Si no fuese así, encontraríamos ropa de maternidad talla cero.



Desde la aparición de la modelo Twiggy, las prendas diminutas empezaron a propagarse. Ciertas boutiques ofrecen ajuares únicamente para chicas cuasi esqueléticas. Y luego, las instituciones de salud se cuestionan el porqué de la anorexia y la bulimia. Cómo no van a presentarse casos, si la size siete ya es catalogada como medida de gordas. Nada más errado. Pero el arquetipo de flacura dominante, eleva a las descarnadas y desprecia la frondosidad.

En nuestros días, el éxito y la esbeltez caminan de la mano. Si no se es magra, se fracasará en la vida. Calvin Klein explota esta idea al máximo –nótese la figura de Kate Moss-. De acuerdo con los parámetros de beldad persistentes, la inteligencia y la simpatía no contribuyen al triunfo. El ser enjuta basta para alcanzar la gloria. Y si añadimos un pasmoso trasero y un portentoso busto a ese cuerpo menudo, pues qué mejor. Como si existieran las féminas gráciles y bien dotadas. Bueno, las cirugías estéticas conciben milagros, ¿o no?


Qué tiempos aquellos cuando Marilyn Monroe era considerada un sex simbol. Ahora, sería vista como una regordeta. Porque el siglo XX ha demandado a las damiselas poseer un cuerpo estilizado y rectilíneo; las curvas ya no son concebibles en la anatomía femenina. Reflejar la imagen de Venus, tan venerada por los griegos, sería catalogarlas como grasosas.



Los optimistas dicen que si eres tú misma, siempre lucirás guapa. La realidad nos dice lo contrario. La imagen corporal opaca la personalidad. Por lo menos en Occidente, donde impera el aspecto visual. Nada es más grato a la vista que la flaqueza, según el ideal universal de belleza. Lamentablemente, la aceptación social sólo se obtiene asimilando y desarrollando dicho patrón. Corresponde a las chicas decidir si lo siguen o lo refutan.

 
 
 

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