LO QUE EL AGUA SE LLEVÓ, UN CUENTO REAL
- 12 may 2017
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Hace casi 140 años, una inundación provocó disputas en suelo norteamericano. Ese aluvión ocasionó cambios en el cauce de un río, un río que que había sido utilizado como línea divisoria entre dos naciones, la tierra de las burgers y la tierra de los tacos.

No era la primera vez que los vaqueros y los charros contendían por zonas geográficas. Varios años antes, los gringos iniciaron una guerra para apoderarse de la Alta California y del Nuevo México. Su astucia dio frutos, pues lograron incrementar los kilómetros de extensión de su país.
La naturaleza permitió el descubrimiento de un nuevo territorio sin dueño, bautizado como "el Chamizal". Los güeros no perdieron el tiempo y se lo adjudicaron. Pero los latinos no se resignaron con la disposición de sus vecinos imperialistas; no querían seguir condenados a lamerles las botas.
Fue ahí cuando los mexicanos se animaron a reclamar esa tierra virgen ante la Corte Primaria de Demandas de Juárez, cual niños quejándose con sus padres porque los molestan en la escuela. Desde entonces, tuvo origen una muy larga controversia, con final feliz para los reclamantes.
Antes de que el torrente de agua sufriera cambios, "el Chamizal" se encontraba oculto, aunque dividido. Una parte le correspondía a México; la otra, a los Estados Unidos. Mas el fenómeno natural hizo de las suyas, por lo que todo el territorio pasó a manos de los yaquis.

El tribunal había recomendado que el espacio de tierra contendido, perteneciera a ambos países, fraccionado como se encontraba doce años atrás, previo a la catástrofe. Los angloparlantes se opusieron rotundamente, ellos querían quedarse con todo, o con todo.
Tuvieron que pasar 52 años para que la contienda obtuviera ganador. Debieron hacerse infinidad de propuestas para llegar a una resolución. Primero, los estadounidenses le ofrecieron a México perdonarle la deuda externa, si les daban "el Chamizal". Luego, vino la oferta de intercambiar cualquiera de sus regiones por la deseada, e inclusive, se le propuso cómpraselo. Lo que no pensaron es que los hispanoamericanos no estaban dispuestos a perder un terreno tan fértil.
Durante el Porfiriato, habría de comenzar la batalla campal; durante el Madridismo, habría de acabar. En 1963, los herederos de la Revolución Mexicana tuvieron su día de reyes, una semana después. Los descendientes del Tío Sam terminaron por devolver lo que no les pertenecía. Sin embargo, no se fueron con las manos vacías; ganaron hectáreas de la Isla de Córdoba, más una compensación de un banco nacional privado. Eso sí, ninguna nación tuvo que pagar nada a la otra.
Para que el Río Grande ya no causara más fricciones en la relación bilateral, ambos gobiernos optaron por crear un canal, para que el linde no volviera a reubicarse. Hubo una división igualitaria del costo, que debió pagarse para llevar a cabo la construcción. FIN.... ¡ahí no acabó la historia!
Tras la devolución, Lyndon B. Johnson y Adolfo López Mateos señalaron los nuevos límites fronterizos. Así, evitarían violaciones a la soberanía nacional, y las dos patrias quedarían de nuevo como amigas de la infancia. Porque al crecer, vendrían nuevos conflictos a tensar su fraternidad.
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La finalidad de este texto es una sola, hacer KATHARSIS sobre la situación actual del mundo: nadie es invencible; nada es imposible; la fuerza, no es ley; la justicia, es libertad.
Bien decía Noam Chomsky:
"Si asumes que no hay esperanza, garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que hay un instinto hacia la libertad, que hay oportunidades para cambiar las cosas, entonces hay una opción de que puedas contribuir a hacer un mundo mejor. Esta es tu alternativa"





































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